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sábado, 14 de febrero de 2009

SECRETOS

Había una vez una niña que tenía dos secretos, tan grandes que no sabía dónde guardarlos, una vez encontró una cajita vacía y pensó que ahí podría guardarlos, pero eran tan grandes que en la cajita no entraban del todo.

Realmente era unos secretos grandes, enormes y pesados, la niña siempre preocupada por dónde guardarlos, nunca encontraba un buen lugar para dejarlos, así que después de mucho buscar un lugar y no encontrarlo, decidió que lo mejor sería guardarlos ella misma, llevándolos siempre encima.

Así estuvo años, años llevando un peso tan grande, que cada día se encontraba más cansada.

La niña se hizo mayor, se hizo una mujer, y sus dos secretos seguían con ella. Entonces un día encontró a alguien, una persona que con tan solo verla, supo que estaba enamorada, un príncipe, y no era un príncipe azul, ni era rubio, ni tenía los ojos azules, como un príncipe cualquiera, este era más especial, era su príncipe.

Hasta entonces, ella había pensado que no era capaz de enamorarse como el resto de personas, porque con sujetar su peso tenía bastante, no le dejaba tiempo para pensar en otras cosas. Pero no fue como ella pensaba, se enamoró y el príncipe se enamoró también de ella, y ese día ella abrió su corazón, confió y mostró sus dos grandes secretos al príncipe. Él, al ver lo que pesaba aquello, no dudo en coger la mitad de cada uno de ellos y guardarlos el mismo.

Y desde entonces ella se quitó un enorme peso de encima y llevó su vida con más calma.

No comen perdices cada día y no son siempre felices, pero siempre están juntos, porque eso es el amor, elegir día tras día a la misma persona para compartir tu vida, compartir tus sueños, tus problemas y tus secretos.



A mi príncipe.
Gracias por no dejarme llevar todo el peso a mi sola.

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